Hondarribia S.O.S.
      es un artículo publicado en GARA el 7 de septiembre de 1999 por Mertxe Tranche en nombre de Bidasoaldeko Emakumeak pidiendo ayuda a las y los feministas y progresistas para que acudan a ayudarles contra la agresión fascista anunciada para el día siguiente.


      Hondarribia SOS

      Mertxe Tranche * En nombre de Bidasoaldeko Emakumeak

      Hondarribia, SOS, SOS, SOS. Mañana miércoles, día 8, de nuevo un grupo de mujeres y hombres valientes se enfrentarán al más ciego fanatismo y a la fuerza bruta en Hondarribia en su intento de participar en el Alarde. Judicialmente olvidadas y olvidados, políticamente ignoradas e ignorados, y sin el apoyo popular masivo que necesitan. Las situaciones vividas en años anteriores y en los ensayos de este mismo año nos llevan fundadamente a enviar un SOS a todas las mujeres y hombres progresistas de Euskal Herria.

      El conflicto del Alarde ha tropezado en estos tres ­para nosotras­ con varios escollos que han impedido su solución: la concentración del poder en unas manos, la falta de información real de aquellas personas y colectivos que naturalmente deberían haber apoyado la reivindicación y, últimamente, el cambio de situación política surgida de las últimas elecciones municipales y del Acuerdo de Lizarra, que en la práctica, ha supeditado "temas menores" como el Alarde a pactos de más alto alcance. Todo ello, mutuamente solapado y trenzado, ha hecho que a lo largo del tiempo el conflicto de los Alardes fuera bien poco conocido, bien conscientemente ignorado o bien prudentemente esquivado.

      Por lo que se refiere al primer aspecto, sólo cabe afirmar que la separación de poderes propia del tan cacareado Estado de Derecho es hoy para Bidasoaldeko Emakumeak ­como para Itoiz, Presoak Etxera o "Egin"­ un chiste doloroso. Dos sentencias ejecutivas señalan hoy la obligación de que no existan Alardes sin mujeres y ambas han sido burladas en la más total impunidad por nuestros alcaldes recién reelegidos. El judicial no sirve. Los ins- trumentos de control y corrección del sistema (Ararteko, Emakunde y Parlamento vasco) son tan sólo un engaño para incautos, los últimos inocentes del sistema democrático entre los cuales ya no nos encontramos: todos ellos se han manifestado reiteradamente a favor del derecho de las mujeres y no ha servido ­realmente y en la práctica­ para nada. Otra instancia fuera. La Ertzaintza, que debería velar por el cumplimiento de las sentencias judiciales y garantizar nuestros derechos, impide incluso a golpes su ejercicio pacífico, pero jamás detiene, ni inmoviliza, ni identifica a aquellos que nos agreden brutalmente. Son, en su mayoría, votantes de su patrón, el PNV. Cuando el clientelismo político y la fidelidad a los jauntxos locales se ponen por encima del respeto a los derechos humanos, algo muy grave y de muy largo alcance está ocurriendo: se está dando cobijo al fascismo.

      Pero quienes debemos enfrentarnos a él ­masiva, decidida, ruidosamente­ no hemos tomado aún conciencia de lo que ocurre. Tenemos al mismo tiempo y de forma extraña, una saturación de información y una falta de ella. No todos los grupos feministas ni toda la gente progresista hemos tomado conciencia de la necesidad de movilización que este tema precisa para su solución. Hay quien lo considera un tema menor, otros piensan que no merece la pena tanto esfuerzo por incorporarse a una tradición que consideran militarista, o caduca o cualquier otro adjetivo; otros ­quizá lo más justificados­ están hartos de venir a partirse la cara. En una discusión académica, tranquila, lejos de nuestros pueblos, muchos de nosotras y nosotros estaríamos dispuestos a dar la razón a quien así piense. Pero las situaciones vividas nos han llevado a ver la realidad más resumida: en Irun y Hondarribia ­especialmente aquí­ se golpea, insulta, persigue, etcétera, a las mujeres por hacer algo a lo que tienen derecho. Discusiones académicas al margen, ¿es esto permisible? ¿Podemos permitir que algo así ocurra hoy en Euskal Herria sin hacer nada para impedirlo?

      Los resultados de las últimas elecciones municipales y la nueva situación política surgida del Acuerdo de Lizarra no han mejorado las cosas. No nos queda más remedio que declarar que se han subordinado muchos temas a la construcción nacional y se ha dado lugar a que pactos generales hayan olvidado problemas locales concretos. Hemos asistido sorprendidas al hecho de que Euskal Herritarrok haya votado a Borja Jauregi (PNV) en Hondarribia sin que existiera necesidad de hacerlo, y a otras tomas de posición menos decididas de lo que hubiéramos deseado. Y ello nos sorprende sobre todo porque no creemos que responda a la sensibilidad de su militancia, que en gran parte ha nutrido las filas de los partidarios y partidarias de las mujeres en los Alardes.

      Miércoles, 8 de septiembre, 7:30 horas. Un grupo de mujeres y hombres avanzan tocando hacia la muralla de Hondarribia; saben lo que les espera hoy y el resto del año, pero son más fuertes que su miedo. Frente a ellos, otro grupo de hombres y mujeres, ayudados por la Ertzaintza ­que ya nos ha comunicado que no nos dejará dar un paso­ y muy superior en número, les espera para insultarles y golpearles. El alcalde sonríe; la Ertzaintza sonríe; sonríen los fascistas, los que han manipulado al pueblo para exaltar el odio. Somos pocos los que no sonreímos y esos pocos os decimos: SOS. Venid a ayudarnos SOS. Venid a ayudarnos SOS, SOS.

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